ACERCA DEL PARTIDO INDEPENDIENTE DE VENEZUELA


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Nuestra Visión

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Nuestra Misión

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PROGRAMA DE ACCION POLITICA

Nuestro Programa de Acción Política comprende tres puntos:
1. La movilización y organización de las fuerzas sociales en torno a sus problemas nacionales.
2. La organización y la actividad orientada hacia la cohesión interna.
3. Convertirnos en una plataforma para la orientación, capacitación en la producción de la nación.

PARTIDO INDEPENDIENTE DE VENEZUELA PIV
PROGRAMA DE ACCIÓN POLÍTICA

Vamos a examinarlas brevemente. La movilización y organización de las fuerzas sociales, en cuanto a la movilización y organización de las fuerzas sociales, las iniciativas a emprender nos la revela, el simple examen de la situación.

el campo del trabajo, tenemos que la política económicas en marcha, mantiene un altísimo nivel de desempleo, que el salario real se ve aún más deteriorado a raíz de la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo, que, como consecuencia, baja el poder adquisitivo de los trabajadores cuando las alzas de los productos de primera necesidad se mantienen en niveles muy elevados; los impuestos y las tarifas, roen aún más el menguado ingreso, la estructura sindical lejos de erigirse en defensora de los derechos laborales, los adversa y no se ha logrado aún conformar una política, un plan y un movimiento de digno, ya no digamos clasista, sino de signo simplemente humano, como lo fueron las primeras formas de organización de los trabajadores para darse apoyo mutuo. Estamos, pues, frente a un terreno virgen. Alguien debe cultivarlo. Alguien debe sembrar allí la semilla de la conciencia y despertar la fuerza de los trabajadores venezolanos, decisiva en cualquier cambio de signo democrático.

Los Venezolanos constituyen el eje social y político del proyecto del Partido Independiente de Venezuela PIV, en conjunción con los demás sectores que integran ese conglomerado que llamamos ciudadanos. Por esa razón nuestro proyecto es democrático y productivo, porque busca agrupar a la mayoría del país y porque defiende hasta los límites de la desesperación, los intereses de la nación, para que, al menos, en sentido más sencillo que le daban los antiguos romanos, podamos decir: "La Nación es el Hogar" En el campo empresarial, independientemente de todos los señalamientos que se le puedan hacer por el parasitismo del Estado, que lo ha caracterizado, se vive una situación muy paradójica. En efecto, ideológicamente, el empresario siempre ve al Estado como a un intruso que interviene en un campo que estaría reservado exclusivamente al sector privado. Pero, tan pronto se aplican las medidas de desregulación y se vive la cruda realidad de los enormes desequilibrios de fuerza, tienen que buscar nuevamente el refugio del apoyo o la protección estadal, por la carencia de la seguridad jurídica en materia económica.

La devastación que han producido la crisis económica así como las políticas impuesta por el gobierno en Venezuela, han venido provocando reacciones cada vez más intensas y frecuente por parte de estos sectores, pero, hasta ahora, de carácter puramente defensivo, como es el caso de los productores agrícolas que no cuentan con la protección jurídica necesaria.

En tal sentido, la reacción es más bien conservadora. Desde nuestro punto de vista, no se trata de volver atrás. Se trata, de una proposición en la cual ese empresariado y el nuevo que ha de surgir, asuma un papel activo, no sólo en el campo de la economía, sino también en la participación, formación y orientación en la forma Republicana.

En tal dirección los empuja la misma política neoliberal, que ideológicamente, los atrae. Están, además, los vecinos apiñados en condiciones cada vez más inhumanas, como doble resultado del violento proceso de urbanización, generado por el auge petrolero y la crisis que le ha seguido. Allí se concentra el más nutrido almácigo de reivindicaciones sociales. Es allí, donde habita la inmensa mayoría de los trabajadores. Es allí, hacia donde se desplazan crecientemente las capas bajas de la clase media, y es allí también, donde brotan las más distintas formas de organización.

Es poco lo que tenemos que inventar como forma de organización y formación de líderes. Es mucho lo que tenemos que asumir, de lo que allí viene naciendo. Salir al encuentro de esos liderazgos, debe ser nuestro primer paso. Agruparlos y facilitar su encuentro con los otros sectores debe ser una de nuestras primeras tareas. Los intelectuales y profesionales, han sido en gran medida el sector más afectado por los cambios operado a partir de los años. Si en algún sector se manifiesta dramáticamente el estupor que hoy invade la conciencia nacional, es precisamente en estos, que intentan expresar conceptualmente la incertidumbre que les rodea y que les posee. Pero allí también hay una búsqueda, tanto en la idea como en el lenguaje. Búsqueda aún no lograda. Logro que dependerá en gran medida de la capacidad que tenga este país para despertar él mismo. Despertar en el que siempre, sin excepción, han juzgado un papel protagónico las vanguardias y sus conductores. Afirmación que pierde todo carácter retórico cuando se estudia lo que han sido los grandes eventos en la historia de las sociedades. Y es que esas vanguardias y esos liderazgos requieren de un lúcido, fuerte, místico componente intelectual, pues, de nuevo, el arma de la crítica, cuando prende en el ciudadano, se convierte en una fuerza incontenible. La muerte de las vanguardias ha estado generalmente acompañada al desprecio y a la represión de los intelectuales y profesionales, hecho que acontece cuando la vanguardia misma se hace intelectualmente imponente. Es decir, que deja de ser vanguardia. ¿Y qué decir de nuestros soldados? En su inmensa mayoría ellos son ciudadanos, con la única diferencia del uniforme y de una disciplina generalmente impuesta. En todos lo demás son ciudadanos. A diferencia de otros países de nuestro continente, el nuestro es un ejército de composición popular, ya no sólo en sus tropas, sino también en su plantel de oficiales. Hoy como nunca, nuestras Fuerzas Armadas requieren de una nueva definición en cuanto a su rol, dándole un contenido moderno y nacional al patriotismo que tanto se predica en su seno. El movimiento estudiantil, por su lado, es víctima de distintos factores negativos. El primero, la total pérdida del rumbo político. A esa pérdida, le ha sobrevenido una caída muy notable en su capacidad de movilización organizada. A ellos se suma la total ausencia de una definición realista, en cuanto al rol de la educación en la Venezuela actual, como instrumento para el desarrollo de la conciencia nacional, de la generación de un nuevo sistema de valores, sustentados en una cultura del trabajo y producción, en consecuencia, como decisivo para poder liberar los enormes potenciales materiales y espirituales de esta nación. A todo ello, agréguese la caída de la inversión y la misma crisis del sector docente y se tendrá un cuadro bastante aproximado del grado de incertidumbre que afecta a todo ese sector. Precisamente donde ha estado siempre uno de los elementos que han demostrado históricamente una altísima capacidad de movilización, de combatividad y de eficacia en la defensa y difusión de las ideas patrióticas. Las iglesias en nuestro país son, en muchos sentidos, fuerzas, que han logrado mantener una estrecha relación con los sectores más humildes de la población, han cumplido no sólo una importante labor en materia de educación, sino en muchos casos de la lucha reivindicativa, con importantes logros de auto-gestión. Particularmente en la Iglesia Católica, encontramos la preeminencia de un apostolado con sensibilidad social y en la formación de numerosos liderazgos de bases en todo el país. Todos estos sectores están llamados a concurrir en un planteamiento común de rasgo nacional, patriótico, que, a su vez, debe tener una expresión política. Este bien, puede ser el replanteamiento de una nueva nación, de un nuevo programa político nacional. Tal, debe ser, una decisión más que una consigna. En tal sentido, debe estar precedida de un proceso en el cual se van trazando los objetivos de ese programa político. Este, para ser nacional, debe ser consensual. El lanzamiento, insistimos, no debe ser simplemente una consigna, sino más bien un llamamiento a una movilización general de todo esos sectores nacionales, para establecer un nuevo proyecto nacional; cuyas bases son precisamente la Constitución como programa general. Es aquí, donde podemos encontrar el eslabón que forme el nuevo despertar de la conciencia en Venezuela, el proyecto general con el conjunto de reivindicaciones inmediatas de la mayoría de los venezolanos.

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